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De hombro y madera. Al andero que vibra, a la andera que sufre, al andero que llora, a la andera valiente, a todos ellos, van dedicadas estas líneas.
Cuando termina la Semana Santa y todos los que vivimos esta fe tan hermosa, guardamos las túnicas y enseres procesionales, hay un grupo de personas que siguen con sus inquietudes durante todo el año, es un sentimiento que, según va pasando el tiempo se va haciendo más grande en su corazón. Al principio están tranquilos, disfrutando de esa semana tan hermosa, recordándola, pero cuando llega, mejor dicho, pasa Navidad, ya empiezan a reunirse, ¡SON LOS Y LAS ANDERAS! ya empiezan a imaginar el paso que portarán sobre sus hombros, guardan sus ahorros como si de un tesoro se tratase, es algo muy especial, en definitiva, son para nuestra próxima Semana Santa.
Alguna de las cuadrillas ya van avisando: los cordones y la corbata, tienen que ir mejor puestos que nunca, ¡zapato negro! Y sobre todo, lo más importante, respeto....... En fin, los anderos ya palpan la llegada de su Semana Santa.
No quiero olvidarme de esta niñas, ya mujeres que, desde hace nueve años han dado una nueva visión e ilusión a esta Semana de Pasión, portando los pasos con la misma dignidad y sentimiento que los anderos, e incluso formando parte unos y otros de cuadrillas mixtas en las que nos han dejado asombrados, ellas por su fuerza y coraje y ellos por su comprensión y entrega. Las anderas ya son parte de nuestra Semana Santa, habiéndose ganado el respeto de todos , por todo esto enhorabuena y muchas gracias chicas.
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